January 23, 2019

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José Galindo: “Los franquistas investigaron hasta los antecedentes de mi bisabuelo”

jose galindo

José A. López Camarillas @lopezcamarillas

El ex dirigente de Acción Republicana Democrática Española nos cuenta su experiencia

José Galindo Mendoza parece un hombre muy normal. Le encanta jugar al dominó por las tardes con sus compañeros y contar batallitas en La Constancia. Sus manos, castigadas, nos cuentan que ha tenido que trabajar muy duro para ganarse el pan. Pero cuando le oyes hablar, descubres que detrás de ese rostro cansado se esconde una persona muy especial. De la quinta del ’24 como Vicent Andrés Estellés, del que fue compañero en la escuela laica, José tuvo que vivir los dramas de la guerra en primera persona y sobreponerse a las represalias de la posguerra. Descubramos cómo un joven de Burjassot se labró un futuro en un país devastado por las bombas y el rencor.

¿Qué recuerdo tiene de la guerra?

¡Mare meua! Miedo, muerte, de todo… Y molta fam. Aunque se pasó más hambre cuando se acabó la guerra que durante.

¿Estaban todas las actividades paradas?

No, claro que no. Yo era estudiante universitario. Durante la guerra estudiábamos el “bachiller” en la calle Xàtiva de Valencia, pero ya hacía el final nos llevaron a la universidad.

¿Y qué pasó cuando entraron los nacionales?

En un principio querían cerrar los institutos y las universidades, pero las naciones europeas protestaron. Así que nos hicieron un examen a los universitarios de la zona roja para que no dijéramos que nos expulsaban por represalias. El que aprobaba se quedaba. El que no, fuera.

¿De qué era el temido examen?

De lenguas. En aquellos tiempos se estudiaba el francés como lengua internacional, el inglés como diplomática y el alemán como lengua industrial. Nosotros esperábamos librarnos de la expulsión con el francés. Pero nos pusieron de primer idioma el latín de los curas. Nos quedamos mirándonos los unos a los otros…

¿Habíais dado algo de latín?

¡Qué collons llatí! Cero. Segundo idioma, el alemán. Che, ¿no se supone que tendría que ser el inglés? En honor de Adolf Hitler que le ayudó a ganar la guerra, alemán. Otra más. ¡Ay mare!

¿Fue mejor el tercero?

El tercero fue un idioma que me gusta mucho. Muy bonito pero no aprovechaba para nada. El italiano de Benito Mussolini, el otro que ayudó a Franco. ¡Al carrer!

¿De qué le hubiera gustado ejercer?

Yo quería ser periodista. Escribía artículos y hacía dibujos, que se los llevaron a México y todo. Salieron hace unos años en un artículo sobre los dibujos que hacían los jóvenes republicanos durante la guerra.

¿Se puso a trabajar?

Mi padre no quería que perdiera los estudios y me envió con Julio Gutiérrez, un maestro particular. Así que comencé la “Prepa”, una especie de oposiciones. Iba a las clases y cuando acababa enseñaba a mis compañeros porque yo ya había ido a la universidad y tenía algo más de idea.

Entonces, no tendría problemas en aprobar…

Vicente Melià Caballero, entró a un banco. Antonio García Bayarri, Francisco Doménech López, los hermanos Tortajada, el Curret que entró a Radio Valencia… Todos se colocaron, menos yo. Mi padre no se lo explicaba. “¿Cómo es posible que éste enseñe a los demás y a él no le llamen?”

¿Qué sucedía?

En la calle Colón veraneaba el director del Banco Hispanoamericano, que tenía una gran amistad con mi padre. Así que fue a hablar con él y le preguntó si podía averiguar qué es lo que pasaba. Nos emplazó para el jueves siguiente y cuando fuimos le dijo a mi padre que me pusiera a trabajar.

¿No le dio detalles?

Sí, le pidió que se sentase y le explicó los motivos. “Tu hijo en la universidad fue miembro de la FUE (federación universitaria española) en vez de la SEU (sindicato falangista). Tú, guardia de asalto a las ordenes de Fernando Valera Aparicio, político del Partido Radical. El abuelo materno, Onofre Mendoza Taberner, revolucionario en el siglo XIX derribó a un oficial a caballo con un adoquín en una huelga en el Grau de Valencia. Y el bisabuelo, Onofre Mendoza Soriano, fue lugarteniente del Enguerino en la Revolución de la Gloriosa en Valencia”.

¿Tenían fichados a tus antepasados?

Tenían el historial de toda mi familia. Así que no me admitieron en ningún sitio. Por suerte, detrás de lo que era el cuartel de la Guardia Civil había una fábrica de tejidos de seda. Entré de aprendiz, estudiando a la vez en el Colegio del Arte Mayor de la seda, y acabé siendo contramaestre. Estuve 15 años hasta que me casé y me fui a otra con el doble de sueldo. Pasé de cobrar 250 pesetas a 500. Y al poco tiempo me buscaron en otra fábrica. Hasta que en el ’63 me fui a trabajar a Francia.

  
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