January 23, 2019

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Juan Requena: “Aprendí sentado en una piedra, junto a los maquis, más que en cualquier aula”

Juan Requena

José A. López Camarillas @lopezcamarillas

Juan Requena Salinas (1921), último guerrillero de la Agrupación de Levante y Aragón .

“Tengo 90 años, aunque dicen que la edad la marca la literatura que has leído. Así que todavía soy muy joven”, bromeó para romper el hielo.  Juan, natural de Los Cojos (Requena), nació “accidentalmente” en Cofrentes el año 1921.

Podría haber formado parte de la hornada de jóvenes conocida como “La quinta del biberón”, pero ser del mes de mayo le libró de participar en la guerra civil. Sin embargo, no quiso quedarse de brazos cruzados en la lucha por la libertad.

-¿Por qué?  ¿No era más cómodo quedarse en casa sin jugarse el tipo?

- No nací para ser cura. Me gustaba más la acción. Y eso que tenía una tía que quería meterme al sacerdocio- respondió entre carcajadas. Pese a su edad, no abandona el sentido del humor. Según él, le ha salvado la vida en numerosas ocasiones.

Juan dio sus primeros pasos hacía el PCE en el sindicalismo. Pero pronto descubrió  junto a su padre que quería ir más allá. Tanto, que su actuación fue fundamental para el establecimiento de la resistencia en la zona de Requena.

-¿Recuerda cómo fue su primer contacto con el maquis?

-Tuve que ir a buscar a cuatro que venían de Francia. Aunque al final sólo acudieron tres, pues uno había caído en la frontera.

-¿Qué  hizo con ellos?

-Los escondí durante un mes en mi casa, hasta que pudieron echarse al monte.

-¿Se quedó en el monte con ellos?

-No. Como no había estado preso, ni en la guerra, era más útil en el pueblo. Desde allí podía hacer de enlace y suministrar al punto de apoyo. Digamos que era un guerrillero sin armas.

-¿Eran tan fieros como intentó la derecha hacernos creer?

-Para nada. Estar con ellos en el campo era la gloria. En el monte, sentado en una piedra, aprendí de sus palabras más que en cualquier aula- señaló con una sonrisa de satisfacción-. No pensábamos matar a nadie. Los comunistas no vinimos a España a matar guardias civiles. Incluso hubo casos en los que se les salvó la vida…

-¿Se sintieron traicionados por los franceses por una ayuda que nunca llegó?

-Muchos republicanos se pasaron a la Resistencia francesa durante la II Guerra Mundial y volvieron a España como guerrilleros antifascistas esperando el apoyo de los Aliados. Si internacionalmente se hubiera dado un paso, no habríamos aguantado cuarenta años de dictadura… Pero el traidor no fue el pueblo francés, sino los dirigentes internacionales.

-En cambio, el maquis recibió ayuda de civiles desinteresados que se jugaron el tipo…

-Sí. Ni te imaginas los hombres y mujeres valientes que arriesgaron todo por ayudar a los demás. Recuerdo a la “madre de Cofrentes”, que sin estar metida en política, estuvo en la cárcel por dar asistencia a todos.

-La espera de refuerzos se hizo eterna y la mayoría acabó  cayendo…

-La mayoría murió. Pocos, como el compañero Jalisco, tuvieron suerte. En una refriega por Segorbe quedó herido. Lo encontraron, lo curaron y consiguió volver a Francia. Pero vamos, no era lo normal- señaló con el semblante más serio.

-¿Cuándo tocó a su fin la guerrilla en los montes de Requena?

-Cuando la guerrilla pasó de tres miembros activos a catorce.

-Suena contradictorio…

-Es que hicimos una pequeña “celebración” con algo de comida para darles la bienvenida. Sin embargo, llegaron rumores a los oídos de los somatenes y enviaron al monte a un fascista infiltrado…

-¿Qué  sucedió?

-Desaparecimos. La disciplina era vital para sobrevivir. Así que tuvimos que cortar. Cuando pasa algo grave, el punto de apoyo en esa zona debe quedar totalmente deshecho. Sin embargo, mi lucha no terminó ahí. Ha continuado hasta ahora.

  
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