March 26, 2019

Noticias del pueblo, para el pueblo

La revolución y sus diez mil horas de televisión

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José A. López Camarillas

La revolución necesita militantes, no votantes. Trabajadores y trabajadoras que a diario se impliquen en todos los frentes y hagan suya la política, no que deleguen su voz en otros.

La izquierda española no puede perder la perspectiva con los cuentos de la lechera que nos regalan las encuestas y los circos mediáticos. Sería caer en la trampa del capitalismo que, en su afán por vender, nos vende hasta soluciones a los problemas que él mismo nos genera. Soluciones que, como todo lo que toca, están hechas a su medida. Por ejemplo, elegir gestores cada cuatro años. Es individualista, fácil, rápido y con un buen envoltorio. Pero no da resultados. Al menos positivos para el pueblo. Ni tampoco puede.

De nada sirve ganar elecciones si no existe un poder popular, una red de trabajadoras y trabajadores concienciados que elaboren políticas favorables a sus intereses de clase (sí, he dicho clase) y salgan a la calle para defenderlas.

Y es que las reformas políticas y sociales que necesita España no se pueden llevar a cabo sin controlar la economía. ¿Cederían los poderes fácticos su control sobre ésta y el entramado mafioso que tienen para perpetuarse (funcionarios/medios de comunicación/fuerzas de represión) ante las urnas? Sería maravilloso. Pero creerlo es hacernos trampas al solitario.

Los atajos no sirven. Queda mucho camino por recorrer hasta construir ese estado justo e igualitario donde las personas podamos vivir como personas. Decía Alfonso Guerra que él cambiaría diez mil militantes por diez minutos en la televisión. Yo no cambiaría a ninguna militante de la PAH, las yayoflautas, la RSP, las mareas, el PCE o los sindicatos de clase ni por diez mil horas en la tele. Es cuestión de prioridades. Y de intereses de clase.

  
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