March 23, 2017

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Los marselleses- Burjassot y los republicanos

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Luis Manuel Expósito Navarro

“Para los republicanos de Burjassot, Blasco Ibáñez lo ha sido todo”. Así se expresaba Eustasio Juan Vidal, periodista de El Pueblo, en una de sus crónicas. Pero también se lamentaba de que, cuando se proclamó la Segunda República, salieron republicanos por todas las esquinas. Gentes que jamás se habían acercado al Centro Republicano “El Ideal”, se hicieron socios.

El republicanismo en Burjassot existió desde antes de la Primera República. De sus ubres mamó un adolescente, un joven llamado Vicente Blasco Ibáñez, que nunca olvidaría sus orígenes -los de su ideología- burjasotenses. Fruto de ello fue que, andando el tiempo, cuando Blasco Ibáñez triunfó como político y periodista (fue el fundador del diario El Pueblo), además de novelista universal, los burjasotenses configuraron el núcleo más blasquista de Unión Republicana. Por eso Blasco llamaba a los burjasotenses “los marselleses”, y no sólo era porque las bandas de música tocaban siempre, en todos los actos públicos “La Marsellesa”, sino también porque aquí se defendían a capa a espada las principales doctrinas democráticas que propagó Blasco Ibáñez. Es por eso que se creó la escuela laica Blasco Ibáñez en diciembre de 1930. Es por eso que apareció una formación femenina de las Juventudes Republicanas que tomó como nombre “María Blasco”, la primera esposa del afamado novelista, la que tantas temporadas vivió en Burjassot y tantas buenas obras realizó a favor de los desprotegidos. Es por eso que se rotuló una calle, la principal, la Mayor, con en nombre de “Vicente Blasco Ibáñez”. Es por eso que en 1930 se creó una Comisión Pro-Monumento a Vicente Blasco Ibáñez, destinada a recaudar fondos con el fin de alzar un monumento al “maestro” en el paseo de Concepción Arenal, algo que se logró, no sin mucho esfuerzo y salvando numerosos obstáculos, en 1938. Es por eso, en suma, que cuando acabó la guerra, una de las primeras cosas que ansiaron hacer las autoridades del nuevo régimen dictatorial fue la de anular del todo y para siempre la figura de Vicente Blasco Ibáñez. Por ese motivo, se mutiló su estatua, se obligó a los republicanos que no corrieron la mala suerte de la cárcel o el paredón que destrozaran la escultura a martillazos, al igual que el Obelisco alzado en 1918 a la memoria de los héroes del Ejército Español, esos “mártires de la libertad” que dejaron sus vidas cerca de Burjassot luchando por la libertad y el progreso. Y no contentos con todo esto, el alcalde y el jefe de Falange ordenaron el cierre del Centro Republicano El Ideal, e idearon una treta para quedarse con el inmueble: el sargento de la Guardia Civil y el alcalde emitieron sendos informes en los que se aseguraba que el Centro Republicano “El Ideal”, cuyo dueño era la sociedad “La Constancia” eran marxistas. Con ello evitaban que el chalet saliera a subasta y lograban que fuera asignado a la Falange. La peregrina idea dejó consternados y sin sede a “los marselleses” durante cuarenta años. Pero, como decía Eustasio Juan Vidal, Burjassot ha sido siempre republicana.

  
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